Victorino García Calderón, Fotógrafo
Victorino García Calderón lleva el sombrero con la badana ajustada a su cabeza, indicio de libertad. Ni las alas sobre las orejas, que sería antiestético, ni muy echado para atrás, motivo de desprecio, ni demasiado inclinado hacia adelante que implicaría ser un tarambana. Lo justo: paralelo a los hombros y mirada, profunda, y de frente. Este salmantino cambió los pinceles por la fotografía y divirtió a los alumnos, como profesor, hasta que dejó de solazarse en las aulas. Crítico hasta la médula, vive para emocionar e impresionarse por la vida. Prefiere cavar el huerto con azada a la maquinaria de la globalización y pagaría un millón de dólares por cabalgar sobre la belleza. “¿Qué estás mirando?”, pregunta su admirado Bob Dylan en Falso profeta. “No hay nada que ver”, responde el músico Nobel. A García Calderón, sin embargo, le gusta mirar a todas horas. Y ha visto Los Carochos y los carochos le han visto a él.
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