Entrevista a David Muñoz, autor de ‘Entre las hojas escondido’

‘Cuando empecé a pensar en la historia de Samuel, lo imaginé vistiendo la máscara del Diablo Grande y ya no se la quité’

David Muñoz Mateos (Zamora, 1988) pasó por Riofrío de Aliste para presentar su segunda novela ‘Entre las hojas escondido’. En ella cuenta la historia de Samuel, un niño salvaje que vive en la Sierra de la Culebra. En la novela el autor mezcla hábilmente narrativa y ensayo, y a través de su propia experiencia viviendo 5 años en Puebla de Sanabria nos descubre la magia del territorio, la complejidad de sus habitantes y la particular relación de Samuel con Los Carochos.

David ha vivido también en Estados Unidos e Irlanda desde 2013, tras finalizar su carrera y máster, y actualmente reside en París, donde ejerce como profesor de español y traductor.

david muñoz mateos
David Muñoz Mateos

La novela cuenta la historia de Samuel, un niño salvaje que crece en la Sierra de la Culebra. ¿Por qué este tema y por qué esa ubicación?

Desde siempre me han interesado las historias de niños salvajes. De pequeño, me fascinaba la posibilidad de ser criado en la naturaleza, de comunicarse con los animales. Son historias, además, que están entre la realidad y la ficción, que no sabemos nunca hasta qué punto son ciertas, pues muchos de estos niños no llegan a hablar para poder contarnos su historia. Eso resulta perfecto para una novela que juega, como las novelas que me gustan, con ese límite, que nos obliga a preguntarnos si lo que leemos es cierto, cómo podría serlo. Y si situé a Samuel en la Sierra de la Culebra fue porque en ella se convive desde siempre con lo salvaje, con el lobo, porque los habitantes de la sierra están acostumbrados a que haya una criatura poderosa rondando los montes.

¿Cómo fue el proceso de documentación y escritura del libro?

Como te he comentado, pasé cinco años en Puebla de Sanabria. En esos cinco años me dediqué a recorrer las sierras, tanto la de la Culebra como las de la Cabrera y Segundera. A conocer paisajes, especies y ritmos. Al mismo tiempo, leía todos los libros que podía sobre niños salvajes, sobre las mascaradas, sobre el lobo, pero no era capaz de escribir. No encontré la voz del narrador y su relación con Samuel y con la sierra hasta que me fui a París. Allí, donde, paradójicamente, se han escrito la mayoría de las historias sobre niños salvajes, seguí investigando y pude escribir la novela, que me llevó casi otros cinco años más.

Desde el principio hasta el final la novela te envuelve en una atmósfera muy particular, que yo describiría como un día de otoño con llovizna, olor a tierra mojada y hojas húmedas. ¿Cómo ha creado esta atmósfera?

Somos seres climáticos, como decía Josep Pla, somos individuos condicionados por el paisaje y la meteorología. En el caso de Samuel, con una relación muy íntima con el entorno en que ha crecido, aún más. Me parecía importante conocer y describir con la mayor precisión posible esos entornos, la manera en que los lugares se manifiestan cada día. No quería añadir nada que no estuviera en la sierra, pero quería transmitir la riqueza, la diversidad y la belleza que hay en ella.

La novela está escrita de tal forma que intercala explicaciones sobre niños salvajes con narraciones de la historia por parte del autor y con recuerdos de los otros personajes de la historia, sobre todo de Samuel. ¿Por qué esta estructura?

Trato de mezclar ensayo con narración para incrustar a Samuel en la realidad, para que nos preguntemos si existe, si podría existir. Y, además, tanto los ensayos como los recuerdos del resto de personajes sirven para conocerlo desde todos los puntos de vista, a menudo contradictorios. A veces parece distinto a cualquier criatura, otras veces el narrador intenta comprenderlo a través del resto de niños salvajes. El objetivo probablemente sea bucear en el personaje como en una sima, buscando un fondo que tal vez no exista.

Dentro del libro el autor pone voz al narrador de la historia pero parece que también a Samuel en determinadas ocasiones. ¿Es David Muñoz una mezcla de ambos?

Más bien ambos toman partes de mí, claro: de mi vida real o de mis sueños, de mis fantasías, de mis pesadillas. Pero también tienen partes autónomas, partes que surgen de otras personas, de otros personajes, de otros libros, de otros narradores, de la imaginación. Pero los dos sí que funcionan, entre ellos, como un espejo: uno podría ser el reverso del otro, más o menos oscuro.

Los personajes de la novela son a veces amables, a veces desconfiados, a veces grises, a veces luminosos, a veces crueles, a veces interesantes, otras veces toscos. ¿Ha querido usted reflejar la personalidad de las gentes de la Sierra?

No solo de la sierra. He querido reflejar la personalidad de las gentes que conviven con la vida salvaje, que saben que no son la única especie en el mundo y que habitan un lugar que pierde población de una manera casi irremediable. Reflejar cómo se convive con ello, con esa riqueza y con ese abandono. He hablado y observado mucho a las gentes de la sierra, supongo que algo de eso ha terminado en el libro.

En varios pasajes del libro el narrador y Samuel expresan opiniones sobre diversos aspectos de los pueblos, sus gentes, costumbres, su forma de gestionar los recursos… ¿Ha querido el autor dejar patente su visión sobre estos temas en el libro?

He querido dejar patente la visión del narrador y de Samuel, no la mía. No pretendo juzgar la realidad en la novela, ni crear una realidad ideal. Lo que he intentado es mostrar la realidad que conocí en mi infancia y cuando viví en la sierra y dejar a Samuel participar en ella.

Una de las presentaciones del libro, en el Museo Etnográfico de Castilla y León

¿Intenta la novela abrir algún tipo de debate entre los habitantes de la región?

Al respecto de los temas más polémicos del libro, me conformo con mostrar que nuestros vecinos no tienen por qué pensar como nosotros. Suelen ser otros, desde fuera, los interesados en crear polémicas, en dividir a la población. Durante los años que viví en la sierra, lo que más valioso me pareció fue la convivencia con personas de ideas muy distintas con las que, sin embargo, me unía el interés por mantener la salud del territorio y de las personas que vivían en él. Las polémicas se dan más en las ciudades, donde uno puede relacionarse solo con aquellos con los que comparte ideas. En el pueblo no hay gente suficiente para hacer eso.

Con frecuencia cuando alguien habla o escribe de esta tierra –y en general de territorios de elevada emigración- tiende a magnificar los aspectos negativos y a obviar o infravalorar los positivos. Esto también es algo que ocurre en partes de esta novela. ¿Trasladar pena, desdicha o desgracia hace que se venda más?

Creo que se dan los dos tipos de discursos: los que idealizan esos territorios y los que muestran solo los aspectos negativos. Son dos imaginarios que nos llaman profundamente, la naturaleza y el pueblo como paraíso y como infierno. Yo he intentado alejarme de esos polos opuestos y si algo pretendo transmitir de este territorio es su complejidad. No sé si lo habré conseguido. La pena que el narrador transmite es suya, es la pena del desarraigado, de quien ha abandonado y conoce de una manera muy superficial el lugar en el que están enterrados sus antepasados.

En las últimas décadas se ha tendido a menospreciar deliberadamente a los habitantes de los pueblos y a potenciar la vida en las ciudades. ¿Por qué cree que ha ocurrido esto?

Creo que han sido muchas razones, no podría darte una sola. Hay motivos económicos, motivos de organización social desde las instituciones. Hay razones relacionadas con quién cuenta la historia y desde dónde la cuenta, las hay que tiene que ver con lo que socialmente se entiende como éxito.Hay motivos relacionados con la ignorancia, la de quienes escriben desde la ciudad sin conocer la vida en los pueblos, y motivos relacionados con un exceso de conocimiento: el de quienes se marcharon de los pueblos para poder estudiar o para escapar de la miseria y el hambre. Creo que eso está cambiando ahora, y me alegro.

Actualmente parece que hay un incipiente interés por la cultura rural,  por su historia y por su modo de vida. En su opinión, ¿estamos volviendo a nuestras raíces o son fuegos artificiales?

De nuevo, el fenómeno es complejo y habrá infinidad de motivos y propósitos entre quienes tratan de recuperar la cultura rural. Lo que sí me parece evidente es que el neoliberalismo nos ha hecho creer a todos que podemos vivir lejos de nuestras raíces, que no hay que mirar atrás, que el futuro es todo lo que importa. Es normal que ahora, cuando las promesas del neoliberalismo han demostrado ser una estafa, haya una reacción, que la gente desee volver a la tierra, a la cultura tradicional, a los principios firmes, a las paredes que han aguantado siglos. La riqueza cultural y material que estamos encontrando en todo ello, que permanecía oculta, es asombrosa, pero tengo dudas de que eso vaya a significar una revitalización real de todos los pueblos y del conjunto del medio rural.

¿Qué cree usted que debe ocurrir para que se potencie la vida en los pueblos? ¿Se está haciendo lo suficiente? ¿Ve usted interés en que esto ocurra?

Digan lo que digan, no creo que haya tanta gente interesada en vivir de verdad en los pueblos. En realidad, parto de la base de que no hay tanta gente que pueda elegir donde vivir. En el fondo, creo que la gente vive donde puede: donde se lo puede permitir, donde tiene familia, amigos, gente en la que apoyarse cuando vienen mal dadas y con la que poder ser quienes son: quienes se dicen que pueden vivir en cualquier lugar del mundo son privilegiados (digo eso sabiendo que yo mismo lo he sido). Así, si la gente ya no puede vivir en Madrid o en otras ciudades, parece lógico pensar que muchos de ellos volverán o se irán al pueblo, pero para eso tiene que haber, fundamentalmente, trabajo y comunidad, y una comunidad inclusiva. Todo lo demás, el ocio, la cultura, incluso la identidad, se puede crear. En cualquier caso, veo poco interés en que eso suceda.

Dentro de las manifestaciones culturales de los pueblos están las mascaradas. De todas las que conoce, ¿por qué los Carochos y el Diablo Grande son los elegidos para figurar en esta novela?

Conocí los Carochos en 2014 o 2015 y me impresionaron. Me impresionó, sobre todo, no haber sabido nada de ellos hasta entonces, el hecho de que fueran una especie de secreto guardado en la sierra. Cuando empecé a pensar en la historia de Samuel, lo imaginé vistiendo la máscara del Diablo Grande y ya no se la quité.

¿Qué simbolizael Diablo Grande en la historia de Samuel?

El Diablo Grande simboliza lo que de salvaje hay en Samuel. Cuando Samuel, de pequeño, lo ve corriendo por la calle, piensa que se parece mucho a él mismo. Pero, al mismo tiempo, se trata de una máscara. Cuando Samuel se la pone, creyendo que por fin lo van a aceptar tal y como es, no se da cuenta de que se está disfrazando.

Pese a que Samuel pueda parecer un inadaptado,el poso que deja la novela es más bien el de un ser humano sin ataduras, totalmente libre. ¿Es Samuel un alter ego del autor?

No, en ningún caso. Pero sí es, como todos los niños salvajes, la vasija vacía sobre la que lanzamos nuestros sueños y nuestras esperanzas. El espejo al que le preguntamos qué somos en realidad, cómo seríamos si viviéramos aún en la naturaleza.

Después de todo lo aprendido, ¿qué diría que nos hace humanos?

Estoy de acuerdo con algo que han dicho otros antes de mí, que lo verdaderamente específico del ser humano es nuestra adaptabilidad. El hecho de que podemos sobrevivir en las circunstancias más adversas. Pero lo que también intenté transmitir con esta novela es una pregunta: ¿qué pasaría si nos considerásemos animales? Si pensáramos que la diferencia que hay entre el ser humano y el resto de criaturas es una mera diferencia de grado, no esencial. Y si entonces consideráramos, por ejemplo, que el amor o el miedo a la muerte o el altruismo, que son rasgos atribuidos tradicionalmente solo al ser humano, son solo una forma desarrollada del instinto de supervivencia de cualquier criatura y de cualquier especie. ¿Tendríamos una visión más pobre de nosotros mismos? ¿O, por el contrario, tendríamos una visión mucho más rica del mundo que nos rodea?

Pueden encontrar más información de la novela ‘Entre las hojas escondido’ en el website del autor, https://davidmunozmateos.com/bibliografia/

Portada del libro ‘Entre las hojas escondido’